Segunda salida de los Jóvenes de San José de la Parroquia de la Concepción

Jóvenes de San José Divina Misericordia 
Parroquia de la Concepción de Barcelona, 9 de emero de 2021 

Desde el momento en que empezamos a organizar la salida, tuvimos problemas de asistencia: los hermanos no podían unirse a la salida y creíamos que no estaría listo el grupo para poder salir a las calles. Gracias a Dios y después de tiras y aflojas, el hermano Mario, movido por la gracia, se tomó voluntario y pudimos cerrar el grupo, tres hermanos en total. 
 
La tarde comenzó antes de lo previsto, llegamos un rato antes de las 20h para preparar todo lo necesario para la salida. La Misa fue gracia y bendición para nosotros, pudimos recibir el Cuerpo de Cristo y así poner el corazón en marcha para derramar amor durante toda la noche. Tuvimos el placer de escuchar al Mn. Joan Bladé, pudimos ver el poder de la predicación. Fue todo algo tan sencillo como que, al final de la Eucaristía, el Padre anunció la salida de un grupo, el nuestro, de la gran misión que se está haciendo a nivel de muchísimas parroquias de toda Barcelona y, por último, invitó a todo aquel que estuviera llamado a que se uniera a nosotros. 
 
Nos dirigíamos a la furgoneta por el claustro cuando un hermano llamado Ignacio se lanzó a nosotros con mucha fuerza, ganas, alegría y devoción. Nos pidió unirse al grupo de San José y nos explicó un breve encuentro que tuvo con un pobre que vive debajo de su casa y a quien él mismo da de comer y ayuda en lo necesario. A continuación, de rodillas y con la voz en alto, invocamos la Consagración de San José e Ignacio recibió el escapulario de León XIII. Menudo comienzo para él, nos dijo, entusiasmado y contento de empezar este camino con San José. En esto pudimos ver y vemos el gran trabajo que normalmente no se ve, que es el del cielo: el Señor ya estaba trabajando a este buen hombre y sigue trabajando a muchos más que pronto esperamos que puedan unirse con ganas, devoción y amor a esta gran marcha por y para el amor en los pobres. 
 
Arrancamos la noche a pie de calle, en la que las condiciones climáticas serían la más extremas de todo el año, con temperaturas bajísimas y con un aire que te calaba los huesos. Seguimos la ruta prevista y, debido a las bajas temperaturas, encontramos que muchos hermanos ya no estaban en sus lugares habituales por lo que no pudimos recibirlos. En ese punto, tuvimos una sorpresa: en la calle diputación, se encontraban dos hombres en el hueco de la salida de un parquin, bien resguardados del gélido viento. Les ofrecimos comida y la recibieron. Uno de los hermanos de aquellos dos, que era el más mayor, con barba larga y blanca, comía con tanta ansia y tal gana que nos sorprendió muchísimo. Entendimos que probablemente llevaba días o semanas sin comer algo caliente y con un sabor que no fueran las comidas que dan en los grandes comedores. 
 
Después de este encuentro llegamos al siguiente destino, en la entrada justo del Teatro Coliseum, donde nos esperaba el querido hermano Próspero, con su particular simpatía y devoción a San José. Hemos prometido que le regalaríamos una estatua de tamaño de bolsillo, para que la lleve y le acompañe en todas sus luchas y largas noches de invierno. Nos recibió con gran alegría, comió, bebió y rezó con nosotros de rodillas. Este hermano habla inglés, por lo que en primera instancia tenemos una clara barrera idiomática, que esperemos poder paliar con la gracia de Dios y crear un buen vinculo de amistad y familia. 
 
Seguidamente nos acercamos con mucho mimo al hermano que tanto nos cuesta que nos reciba y del que aún estamos esperando a que nos revele su nombre para poder dirigirnos a él. De todas maneras, en estos dos primeros intentos nos ha sido imposible entablar siquiera conversación, o bien porque estaba con unos auriculares o porque simplemente no quiso recibir nuestra buena voluntad. Tenemos la certeza ded que, poco a poco, el Señor irá trabajando y modelando su corazón herido y dañado por la tristeza, el odio y la miseria vivida; son razones suficientes para entender y justificar y, con más motivo, rezamos por él, para que “Dios mediante” lo vaya trabajando. 
 
Terminada la noche, nos dirigimos a la Concepción, donde rezamos al Señor de rodillas y ofrecimos todo lo vivido. Pedimos por todas las necesidades y por la labor de Jóvenes de San José, para que sea un movimiento santo y perfecto en el Señor por el Amor.
 
 
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