Primera salida de los Jóvenes de San José de la Parroquia de la Concepción

Jóvenes de San José Divina Misericordia
Parroquia de la Concepción de Barcelona, 26 de diciembre de 2020

La tarde empezó con un mensaje de Pedro; recibimos una donación inesperada, una hora antes de la salida, de mantas, ropa de abrigo, mantecados y bombones. El Señor nos cambió los planes y nos pusimos en camino.

Lo primero fue preparar el corazón para recibir a Cristo en los pobres. A las 20h celebramos la Misa de la Sagrada Familia, seguida de la consagración a la Divina Misericordia y la imposición del escapulario protector de San José, aprobado por León XIII.

Pasadas las 21h, salimos a atender a los hermanos con la furgoneta de Pedro. Recorrimos las direcciones de los cajeros más cercanos a la Parroquia, pero la realidad fue encontrarlos a pie de calle, durmiendo al raso. Desde el primer momento nos encomendamos a la Virgen Santísima, Rosario en mano.

Con el corazón bien dispuesto, nos dejamos sorprender por el Señor y ofrecimos a la Divina Misericordia cada una de las personas que nos íbamos encontrando por el camino.

La Providencia nos regaló una primera parada en la Gran Via de les Corts Catalanes, junto al teatro Coliseum. Una gran muchedumbre salía de un espectáculo, cuando los tres borricos, con una estatua de san José y un niño Jesús rodeado de polvorones y bombones, nos acercamos a un hombre llamado Próspero, que nos acogió rápidamente. Africano de unos 40 años, descalzo y con una pequeña manta con la que apenas podía taparse y cubrir el suelo.

¡Qué gran regalo ver que aquello que le sacó una sonrisa no fue la comida, sino la figura de San José! Le ofrecíamos bombones y nos respondía señalando, que quería a San José.

Fuimos a buscar una manta y una estampa de San José y, agradecido por ello, se unió de rodillas rezando con nosotros por él.

A continuación, unos metros más adelante, nos acercamos a otro hombre que yacía tumbado en la entrada de un escaparate. Su reacción, en cambio, fue totalmente distinta, sin darnos la oportunidad de aproximarnos ni de agacharnos a su alrededor, rechazando toda palabra o gesto de ayuda que le ofrecimos. Cuando un corazón está abierto, el Señor entra haciendo maravillas. Cuando, de lo contrario, está cerrado, se le respeta la libertad de no querer ayuda de parte del Señor.

Continuamos la misión que nos llevó a otro lugar, un pequeño parque de arena, tres bancos de madera y un gran carro de pertenecías. Allí nos esperaban tres hermanos más, una pareja y un señor llamado Xavi.

Llegamos al parque y nos acercamos a un hombre llamado Xavi, le preguntamos qué necesitaba de ropa y le dimos un abrigo, pesaba muchísimo y fue un gran regalo para él, rezamos y el nos acompañó de rodillas.

Justo al lado, también tumbados, estaban un hombre y una mujer. Ella dormía en un colchón y él encima directamente del banco. Bebieron caldo y rezamos con ellos. El hombre, muy agradecido; y, en cambio, la mujer, un poco más reacia y buscando dormir sin prestarnos atención, nos dio a entender que probablemente estaría bajo los efectos del alcohol.

Por último, cuando ya íbamos camino de la parroquia, Pedro vio a través del retrovisor, en la entrada de un parquin, a una pareja, un hombre y una mujer, que se encontraban tumbados en un gran colchón, rodeados de maletas, cartones, etc.

Les ofrecimos caldo y lo acogió el señor; la mujer se mantuvo al margen. Y, en un instante, cuando nos disponíamos a darle un vaso de caldo, un perro con muy malas pulgas se abalanzó hacia nosotros para mordernos, aunque el señor logró abrazarlo a tiempo. En ese momento, y sintiendo entraba un coche al parquin, y la mujer nos miró desconcertada y sorprendida.

Nos fuimos y finalizamos la noche en la parroquia. Rezamos al Santísimo y, justo debajo de la imagen de Cristo con sus brazos extendidos, dimos gracias y ofrecimos todo a nuestros Señor.

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